En defensa de la Sanidad Pública (IV): Sanidad Pública vs Capitalismo

En la actual época de crisis, se sigue proclamando las bellezas de la gestión privada, a pesar del tremendo descalabro ocasionado por esta – y en este caso no nos referimos solo respecto a los servicios (y derechos) públicos, si no mas bien o también en relación al problema mundial ya sea alimenticio, medio ambiental, económico, etc, catástrofes que no son ocasionadas por hambrunas o maremotos enviadas por un dios maligno o por la codicia de unos pocos brockers o empresarios que no saben decir basta. No, todo ello no es resultado de algún error o equivocación del funcionamiento del sistema, sino mas bien es el propio funcionamiento y si no nos gusta que sea así, solo cabe cambiarlo.- Pero ahora lo que se proclama es que a causa de la crisis no es posible sostener los servicios públicos sin cambiarlos, sin “pedir ayuda al capital privado”. Es decir, ya no es solo que lo privado sea mejor, sino que para mantener lo básico – y en ese palabra entraña lo que se ha llamado siempre beneficencia- es necesario, pues no queda otra, que apoyarnos en las empresas. Da igual que tales experiencias en el pasado reciente hayan demostrado que dicha hipótesis era incorrecta ( sanidad y educación privada = mejor calidad en los servicios), y da igual que ahora lo repitamos una y mil veces, al igual que poco importa que en estos momentos en Toledo no se realicen operaciones de prótesis de rodilla o que se quiten las urgencias 24h en algunos pueblos o haya clases de 40 alumnos o que los hijos de los obreros no puedan ir a la universidad o lo que sea, porque da igual las razones de peso que se esgriman, porque tienen razón en que no se dispone de dinero para prestar dichos derechos.

Dejadme un momento para explicarme antes de que me caigan mil injurias. La cuestión principal no es que se quiera dejar una sanidad, una educación, una justicia pública a modo de beneficencia a causa de la crisis económica sino mas bien que ya se pretendía tal fin cuando está no se esperaba – salvo los marxistas, salvo aquellos que ven pasar los años no en días sino en crisis – y la situación macroeconómica era boyante. Es decir, la lucha por público en aquellas épocas buenas residía en la batalla de la gestión y no en la de la necesidad, y esta se podía ganar hasta el siguiente combate, puesto que el capitalismo no iba a permitir el no sacar beneficio de aquello que podía ser rentable y tal hecho es confirmado por la distintas leyes que se aplicaron entonces para dicho fin. Pero ahora, en las épocas malas, la batalla ha cambiado, ya no se ha de decidir entre una gestión u otra, puesto que una, la pública, no dispone de dinero. ¿Y por qué? Ahora podríamos hablar de la corrupción y de los paraísos fiscales, al igual que decimos que uno ha vivido por encima de sus posibilidades por cenar fuera los fines de semana o por hipotecar su vida durante treinta años por 30.000.000 millones de pesetas. Sí, sí, bien sé aquello del “aeropuerto de personas” o de los “Aves vacíos”, pero nos olvidamos que durante un año la deuda castellano manchega (y la de madrileña y la valenciana y la gallega y la andaluza y la murciana y la catalana, es decir, la culpa no es del PSOE o del PP o de Ciu o de quien cojones queramos decir según donde vivamos y los medios de comunicación que leamos) no creció solo por los políticos que gobernaban sino mas bien por el chantaje realizado por los mercados. Sí, la prima de riesgo subía y subía y nuestra deuda empezó a ser considerada como “bono basura”. Y en verdad es así, como nos quedamos sin dinero para lo público – no habrá quien diga, y con razón, que nos olvidamos del tema inmobiliario, pero se ha decir que dicho boom fue en parte el que permitió que proporcionasen dinero a poco interés a las comunidades (si, si, claro que fue todo un engaño, porque en el momento que los mercados quisiesen tendrían cogidos a las comunidades y a los estados por la deuda, y como la crisis demostró que ellos eran causa necesaria y suficiente para el funcionamiento del sistema de producción capitalista, ya que a pesar de su derrumbe, los alzaron sin hacer miras al gasto ocasionado, decidieron que ya era hora de hacer la contrarrevolución planteada hace años, y que mejor que realizarlo que estrangulando a los estados). Es entonces cuando alguien podrá esgrimir que la verdadera culpa es de los mercados y no de los partidos políticos, y nosotros podremos objetar una serie de cuestiones que no se deben olvidar.

-Esos partidos políticos creen que el actual sistema de producción, el capitalista o economía de mercado es el único posible.

-Esos partidos políticos modificaron la constitución para señalar que se anteponía el pago de la deuda a cualquier otro gasto en servicios públicos.

Es decir, los partidos políticos que en las épocas de bonanza económica querían privatizar los servicios públicos (y en algunos casos ya lo hicieron) y así se demostró con las leyes que promulgaron, son los mismos que ahora – ¡cómo no!- señalan que no queda mas remedio y no queda mas remedio porque no tienen dinero y no lo tienen porque tienen que pagar una gran deuda (una deuda impagable), y lo han de hacer porque lo han ante puesto a cualquier otro gasto público que no sea básico – he ahí lo de beneficencia- y es así porque lo han exigido los mercados, y estos han llegado a este punto porque; primero, ya lo tenían preparado (y las razones las dejamos ya escritas en los anteriores artículos), y segundo, tras su brutal derrumbe, tras su tremenda caída, tras la total confirmación de que las ideas de Marx y Lenin eran mas ciertas que nunca, cuando el capitalismo mostró como era y como había sido siempre, un sistema con un apetito voraz que dejaba hambrientos a los hombres, fue entonces cuando los estados indicaron que sin ellos no eran nada, que se aportaría todo el dinero que fuese necesario para que aquello volviese andar, pues necesitaban el rumbo que siempre habían tenido, aquel en el único en el que creían: el capitalismo. Y esto generó mas deuda a los estados y mas fuerza a los capitalistas que decidieron cambiar europa. ¿Quién osaría a decirles que no? ¿A caso aquellos mismos que les hicieron resucitar de sus cenizas?

Por lo tanto, ni el PP, ni el PSOE, ni UpyD, ni CIU, ni PNV, ni Coalición Canaria, ni cualquier otro partido político que asuma la deuda ( que en estos momentos es lo mismo que asumir el sistema capitalista) podrá hacer otra cosa que dejar los servicios públicos a modo de beneficencia, pues no hay dinero. Y no lo hay ni combatiendo el fraude fiscal ni pollas en vinagre. Es decir, podemos hacer todo lo posible por ingresar dinero, pero en este caso tenemos que tener claro dos cosas: Una, que la deuda es impagable. Dos, que aunque fuese posible, siempre estamos a merced de que esta aumente cuando consideren oportuno o necesario. Y esto da otro punto. Tres, si se decidiese retirar el último añadido de la constitución, los mercados podrán obligarnos agregarlo de nuevo aumentando mas la deuda. Es entonces cuando se pueden realizar una serie de preguntas: ¿Y si se decide no pagar la deuda? ¿Y si se decide no anteponer la deuda a los servicios públicos? La respuesta es clara, ello no es posible si se quiere formar parte de un país capitalista.

En definitiva, mientras no antepongamos una alternativa a este sistema y luchemos en nombre de ella; es decir, algo que no sea capitalismo (claramente tampoco queremos la opción del fascismo) y que los comunistas llamamos Socialismo (aunque nosotros somos de proseguir hacia el comunismo), no queda otra posibilidad que la privatización de los servicios públicos y su reducción a beneficencia. Y hacia ese camino vamos.

Pedro de Nambroca.

Entradas anteriores:

En defensa de la Sanidad Pública (I): El ejemplo socialista

En defensa de la Sanidad Pública (II): ¿Por qué tenemos el derecho?

En defensa de la Sanidad Pública (III): Derecho o beneficiencia

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